Aprendiendo de Jesús

Aún con menos elementos que en los casos anteriores, y en un barrio aún más humilde, Dios abrió esta nueva puerta. Otros obreros, otros corazones, otra realidad, pero las mismas ganas, el mismo amor y el milagro se repitió. Decenas de niños vienen a los pies del Señor cada semana.

Otra vez la merienda, el teatro callejero, el trabajo, el sacrificio y el ruido; y un lugar lleno de chicos. De nuevo hacen falta alimentos, ropa, casas y material de enseñanza para muchos niños.

Agradecemos al Señor ya que también en esta escuelita tenemos lugar propio.

Gracias al Señor que el fluir de su amor nunca se detiene.