MILY, UN REGALO DE DIOS

¡Hola hermanos! Mi nombre es Edith, tengo una hija que se llama Milagros. Todos le decimos Mily, tiene 14 años y nació con una discapacidad motora. Ésta es nuestra historia:

 

En abril del 2002, vivía en la Provincia de La Pampa (Argentina), en una ciudad llamada General Pico. Cuando llevaba meses de embarazo fui al Hospital Centeno, pues tenía turno para hacerme una ecografía. Cuando me llamó la doctora y comenzó a hacer la ecografía fue haciendo una pregunta tras otra: si tenía algún tipo de enfermedad. Si tomaba alguna medicación. Si en mi familia había alguien con problemas de salud. Y otras. Ante su insistencia en saber, le pregunté si estaba todo bien y solo me dijo que mi doctora daría el informe del resultado. Volví a preguntarle si mi bebé estaba bien, y le pedí que me dijera la verdad. Y ella me dijo que no se les habían desarrollado sus miembros superiores e inferiores; o que tal vez no se habían formado bien y teníamos que esperar que el bebé cambie de posición para poder ver mejor. Yo le pregunté: ¿Mi bebé va a nacer sin brazos y sin piernas? Y la doctora no sabía qué decirme o cómo decirme la verdad. Solo señaló que de cada 5 millones de bebés por nacer, había uno que nacía con malformaciones.

Recuerdo poco lo que pasó después, solo sé que lloré y lloré y sentí que mi corazón y mi alma se partían en mil pedazos. A los pocos días volvieron a hacer otra ecografía para confirmar que mi bebé, lo que mas amaba en el mundo, lo que más anhelaba en esta vida, ese pequeño ser que solo llevaba cinco meses de gestación, nacería sin brazos y sin piernas. Solo sabía que su cabeza y su tronco estaban bien, y que su corazón funcionaba bien. Después de horas y días de pensar cómo serían nuestros futuros, decidí ponerle fin a mi vida, porque no encontraba sentido para seguir viviendo. Dije a mi mamá que en el cielo estaban necesitando un ángel más, y en mi cabeza iba planeando cómo suicidarme. Pero de repente… todo cambió.

Una noche, cuando parecía que se me habían agotados las lágrimas de tanto llanto por el dolor, me levanté de la cama y fui a buscar algo a mi placard, y sorprendentemente sentí que algo me atravesó el cuerpo. En ese instante, respiré profundo y viví una experiencia, fue como si me hubiera despertado de una pesadilla… y pensé: los milagros también existen. Enseguida le dije a mi madre que me acompañara a la casa de Ariel (mi sobrino), y cuando llegamos le pregunté: ¿Está mal que en medio de todo lo que me está pasando, piense que las cosas pueden cambiar y que Dios puede hacer un milagro con mi bebé? Ariel buscó la Biblia y en voz alta me leyó: “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, Hebreos 11:1. Esa noche oramos con él y le entregué mi vida a Dios, también entregué la vida de mi bebé. Fue la primera vez que Mily empezó a moverse muy fuerte, Ariel y su esposa Estela, pudieron sentir sus movimientos.

Antes de que Mily naciera, exactamente 4 días antes, me bauticé, y cuando salí del agua, comencé a sentir un fuego que recorría mi panza y pensé que Dios había hecho el milagro que todos esperábamos. Mily nació y ese milagro que tanto anhelaba, no sucedió. Pero a partir de ese 15 de agosto del 2002, empezaron a suceder pequeños milagros en nuestro beneficio, como por ejemplo, el hecho de que Mily estuviera viva, ya que los médicos me habían dicho que si sobrevivía, sería por poco tiempo. No fue así, Dios había decidido que viviera para sorprendernos cada día con su hermosa existencia.

Pasamos por muchas experiencias, buenas y malas, pero ante cada prueba que me ha tocado vivir, Dios siempre me ha dado una salida. Cada avance de Mily; cada año que cumple y sus infinitos progresos. Todas han sido y son grandes victorias que hemos podido alcanzar. Dios nos ha acompañado y las grandes batallas ganadas nos han hecho llegar adonde estamos. Dios nos ha guardado y lo sigue haciendo cada día de nuestras vidas.

Los milagros han ocurrido y siguen ocurriendo, lo veo cuando algunas personas luego de conocer a Mily me han dicho, en varias ocasiones, que mi hija es un canto a la vida. Hubo personas cuyas vidas fueron transformadas, desde el momento en que conocieron a Mily, porque en ella vieron alegría, paz, amor y ganas de vivir. Cuando escucho estas historias, agradezco a Dios porque sé que nada de lo vivido ha sido en vano. Que los esfuerzos que hacemos ambas, que la perseverancia de mi hija y sus ganas de vivir, pueden ser vistas por todo el mundo. Siempre espero que todos puedan ver el amor de Dios reflejado en su bello rostro.

Por supuesto que siguen surgiendo nuevos desafíos, nuevas metas, nuevos logros a alcanzar. Si Dios quiere vendrán nuevas victorias, pues sé que contamos con su gran misericordia y el infinito amor con que nos amó. El amor de Aquel que se compadeció de mi dolor y del dolor de Mily. El amor de quien nos ama como a la niña de sus ojos.

Hay más historias que puedo contar, muchos testimonios, muchos momentos en los que he visto y sigo viendo la mano poderosa de Dios y su gloria. Puedo contar también que desde que formamos parte de esta gran familia, que es “Adulam”, ya no nos sentimos solas, tenemos a un gran amigo que es Omar Gaitán, quien junto a su familia y a todas los hermanos que conforman Adulam, dan demasiados mimos a Mily. Ella pudo encontrar su lugar en el mundo, un sitio donde se siente amada, contenida, aceptada y respetada.

Doy gracias a Dios por la gran familia “adulanera”, familia de Cristo si las hay, y agradezco también por cada persona y por cada amigo y amiga que Dios ha puesto en nuestras vidas, casi ángeles que nos ayudan y nos alientan a seguir adelante en este camino. Por sobre todas las cosas agradezco a nuestro eterno Amigo y Salvador, al Señor Jesús, que nos dio y nos sigue dando vida en abundancia.

¡Abrazo fuerte! En algún momento nos conoceremos para seguir hablando del amor de Dios, y para contarles cara a cara nuestra historia de vida llena de amor, de fe y de esperanza.

¡Gracias!

                                                                          Edith y Mily